diumenge, 13 de desembre del 2015

Reseña del libro "La presencia del mito"




El objeto de este ensayo es el mito en sus diversas acuñaciones en la vida de la actualidad. Kolakowski entiende el mito, uno de cuyos casos especiales es la religión, como el intento de rebasar la contingencia de la experiencia de cara a un todo, para fundar así un sentido. A esta función mitológico-simbólica se contrapone el trabajo del entendimiento analítico en las ciencias, con su función cognitivo-tecnológica. La primera función está a servicio del anhelo metafísico que eleva a los hombres por encima de sus necesidades cotidianas, las cuales están a servicio de la satisfacción de las necesidades de la existencia empírico-animal.

El mito y la ciencia no son indiferentes entre sí; cada uno tiende a despojar al otro del derecho de existencia. En el choque del anhelo mítico con las coacciones de la experiencia se abre paso el trabajo del filósofo de la cultura. Para Kolakowski, se plantea en este contexto la tarea de una «participación en el mito» (no la de su justificación). El autor tiene conciencia de que no es posible una solución definitiva, en el sentido de una escatología histórica y cosmológica; pero a la vez tiene conciencia de que la renuncia a una síntesis sería la muerte de la cultura. Por la conciencia de esta tarea llega a la crítica de la actual «cultura de los analgésicos» (gr. algos = dolor, o sea «cultura de los medios que calman el dolor»). Mientras que la ciencia toma posesión del mundo en medida creciente, en la cultura de masas se pone de manifiesto una anulación de la responsabilidad. Se añade a esto el completo abandono de la fe en el valor del sufrimiento, es decir, una «narcotización de la vida», que es peligrosa para la comunidad humana, pues, con la represión del propio sufrimiento crece también la incapacidad de tolerar el sufrimiento ajeno. Kolakowski no da ninguna respuesta concreta que pueda traer mitos fundadores de sentido para el futuro y, por tanto, la esperanza en una respuesta universal es escasa. Pero le parece impensable una cultura en la que falten por completo los componentes míticos. Ni la llamada a la huida del mundo ni la teocracia contienen alternativas; pueden sobrevivir mitologías que, como «receptáculos de valores fundamentales», permitan, con la limitación de la referencia a la situación con-creta, interpretar el mundo más allá del poder de lo fáctico y así, quizá, cambiarlo con precaución.

H.VETTER

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