El objeto de este ensayo es el mito en
sus diversas acuñaciones en la vida de la actualidad. Kolakowski
entiende el mito, uno de cuyos casos especiales es la religión, como
el intento de rebasar la contingencia de la experiencia de cara a un
todo, para fundar así un sentido. A esta función
mitológico-simbólica se contrapone el trabajo del entendimiento
analítico en las ciencias, con su función cognitivo-tecnológica.
La primera función está a servicio del anhelo metafísico que eleva
a los hombres por encima de sus necesidades cotidianas, las cuales
están a servicio de la satisfacción de las necesidades de la
existencia empírico-animal.
El mito y la ciencia no son
indiferentes entre sí; cada uno tiende a despojar al otro del
derecho de existencia. En el choque del anhelo mítico con las
coacciones de la experiencia se abre paso el trabajo del filósofo de
la cultura. Para Kolakowski, se plantea en este contexto la tarea de
una «participación en el mito» (no la de su justificación). El
autor tiene conciencia de que no es posible una solución definitiva,
en el sentido de una escatología histórica y cosmológica; pero a
la vez tiene conciencia de que la renuncia a una síntesis sería la
muerte de la cultura. Por la conciencia de esta tarea llega a la
crítica de la actual «cultura de los analgésicos» (gr. algos =
dolor, o sea «cultura de los medios que calman el dolor»). Mientras
que la ciencia toma posesión del mundo en medida creciente, en la
cultura de masas se pone de manifiesto una anulación de la
responsabilidad. Se añade a esto el completo abandono de la fe en el
valor del sufrimiento, es decir, una «narcotización de la vida»,
que es peligrosa para la comunidad humana, pues, con la represión
del propio sufrimiento crece también la incapacidad de tolerar el
sufrimiento ajeno. Kolakowski no da ninguna respuesta concreta que
pueda traer mitos fundadores de sentido para el futuro y, por tanto,
la esperanza en una respuesta universal es escasa. Pero le parece
impensable una cultura en la que falten por completo los componentes
míticos. Ni la llamada a la huida del mundo ni la teocracia
contienen alternativas; pueden sobrevivir mitologías que, como
«receptáculos de valores fundamentales», permitan, con la
limitación de la referencia a la situación con-creta, interpretar
el mundo más allá del poder de lo fáctico y así, quizá,
cambiarlo con precaución.
H.VETTER



